domingo, 21 de septiembre de 2014

Porque yo te quiero

Él detiene el tiempo, silencia el mundo y hace del cielo un lugar pequeño al que asomarse en su mirada. 

Él desestructura mi armadura, mi blindaje, y me hace débil; me deshace con la tristeza de sus ojos si me mira antes de irse, antes de despedirnos y sin saberlo me derrumbo en más de cien hojas de otoño. Él me hace fuerte e invencible si suyo es el brazo que rodea mi cuerpo, del cual depende mi estructura y con él nada me asusta ni me araña, nada me hiere o me derrite la mirada.

La arquitectura del cielo y los astros; una verdad es que sin ti el mundo está vacío, que el vacío que impera de mis labios para adentro es inmenso y entre toda mi elocuencia me he quedado sin palabras que completen lo que pienso antes de romperme como el folio, antes de caer como la ceniza por el pecho, antes de secar mis ojos rotos y pronunciar la última palabra, esa, que nunca olvido pero que ahora no recuerdo.

Ahora que soy débil me doy cuenta de lo fuerte que me haces cuando estas conmigo, que me haces ser un gigante entre las nubes cuando en realidad soy tan pequeña que me asustan las alturas de los sueños.

Nunca escribí aquí algo tan directo a un amor, porque todos aquellos que no han sido tú han sido pasajeros, ni amores ni odios. Pasajeros de un tren que nunca llevó su nombre. Porque tú no eres de esos, porque tú no serás de esos, porque tú eres diferente, porque yo a ti si te quiero.

miércoles, 27 de agosto de 2014

Soliloquio

El fino hilo que sostiene mi peso se rompe, tira con violencia de mis pupilas cerrando por completo las dos únicas ventanas de mi cuerpo, rompiendo los cristales de este templo en ruinas, tanto... que siento cómo me corto por dentro con esta oscuridad y silencio que ha dejado, este vacío trágico entre mil almas saltando a mi alrededor, cadáveres amantes de los latidos rápidos, presas las drogas, enamorados de los colores de las botellas y sus licores... de los ruidos y los destellos que nos ciegan...

Yo te vi antes de mirarte y me perdí en tu halo de pureza, en ese brillo acogedor entre tanta malicia y amargura y entre cientos de cuerpos sin vida que se mueven y traicionan estaba él, como una gota de tinta en el agua, como cuando levanto la mirada y entre tantos edificios consigo ver el cielo, un pequeño trozo del cielo, una pequeña parte de algo tan inmenso...

Me di a elegir y lo último que quise sentir fue el dolor, lejos de la somnolencia de los fármacos y el vértigo de terrazas y áticos; un dolor que acaricie el corazón, que derrame el corazón por el suelo o que vacíe de presión esta cárcel de huesos y piel.

Porque en este estado depresivo, escribir es tan constructivo como dañino es pensar en la inutilidad de esta existencia, la angustia vital, la decepción absoluta mirando en sus ojos... mirando en mis ojos, y sin ver resquicios de ilusión o felicidad, sólo veo tormenta y oscuridad. Sólo veo dolor y daño gratuito e inútil, sintiéndome día a día más frágil, más vulnerable a lo tóxico de un beso, al veneno de las manos que se clavan en tu espalda cuando uno de esos muertos te abraza y te hace sentir como si le importaras.

A veces me siento tan incapaz de caer como incapaz de continuar. 

lunes, 18 de agosto de 2014

Ojos de tormenta

Fumando sentada en la ventana de una buhardilla en París. Es invierno o hace frío, tampoco importa demasiado pero sé que corre aire mientras lanzo los pedazos de tus cartas ardiendo desde aquí, y ya sólo eres más humo negro en este aire blanco y asumes que yo sigo impregnando las cortinas de otros con un aroma a vainilla que enamora.

Bañeras de vino y rosas. Dulzor como el de tu sangre en la cabeza de esos golpes de los que me hablabas que te hacían sentir vivo - si me duele es que aún siento - y si sientes puedes quererme, o al menos fingirlo lo suficientemente bien mientras yo mezclo pastillas para soñar en todas las copas o mientras miro las botellas de colores rodar por el suelo de la habitación.

Puedo ver los destellos de las luces de neón reflejados en tu pupila. Puedes ver la sangre seca en las grietas de mis labios cuando miras mi sonrisa.

Un corazón hecho de hueso, huesos hechos de marfil y una piel de cera blanca para unos labios de rojo sangre, de sangre que quema en las venas como el fuego.

Bebiendo sentada en el borde de una azotea en Madrid. Es verano o el viento quema, no sé, tampoco importa demasiado mientras dejo caer de mi mano pétalos de rosas arrancados. Mis pulseras con sus tallos; mis pulseras son de espinas y tu agarras mis muñecas con tanta fuerza que no se distingue tu sangre de la mía.

Bañeras de vodka blanco y mariposas muertas flotando. Libros incendiados. Bukowski hablando de amor. La ceniza movida por el viento. Pasos descalzos sobre el hielo. Yo...  todo el desorden y la ruina existente, todo el dolor y el odio en un tarro de cristal a rebosar pero aún vacío.

Todas las esperanzas se hunden en el fondo de una fuente.

martes, 12 de agosto de 2014

Tinta blanca

Desearía ser pálida, blanca como un lienzo, dejar que me dibujes y colorees, que pintes en mí tu universo, dejar que tus dedos fluyan con pintura por mi cuerpo, desdibujar está sonrisa volteada que hace meses se apoderó de mi rostro, que desdibujes el dolor y la amargura, que redondees mis filos, mis salientes, mis picos, hacerme línea curva e infinita en una trayectoria única, que seas artista de esta obra en ruinas que es mi cuerpo, que estoy agrietada por fuera y derrumbada por dentro.

Pero él no lo comprende, sólo lee y lo intenta, pero otro que no es él sé que lo hace, sé que lo haces, que has sentido el frío en los paisajes, que has tocado las paredes tras la lluvia, que has escalado hasta azoteas mientras nieva... que sostienes el corazón en una cuerda frágil, un hilo blanco que baila con tus manos.

Me has mirado y yo te visto; tú me has visto y te miraba mientras tanto, porque nada es lo mismo cuando somos tan distintos y entre cien rostros amargos he encontrado tu sonrisa, y esa dulce mirada que brilla incluso bajo el agua de unos ojos que sin duda no soportan la distancia...

Desearía ser soporte de tu arte pero a veces creo que sólo soy palabras en el aire.

sábado, 9 de agosto de 2014

Bosque de ladrillos

Desde aquí veo Madrid, está dormida o soñando y ella como yo tira las llaves y se deja caer en la habitación con el gesto de tristeza usual, una caricia en mi antebrazo y parecías capaz de mover la sangre por mi cuerpo sólo con tus dedos. Nunca miraste unos ojos tan oscuros, unas pupilas en ruinas que no abren sus caminos y unos labios destruidos a base de gritos.

Un escalofrío, un temblor, una sensación de ahogo sin oxígeno a la vista por un químico capaz de concentrar mis recuerdos en una pastilla y botellas vacías quedan rotas en el suelo, sangre en la camisa, sangre en mi sonrisa y sangre en la cornisa de este octavo sin vistas nítidas; corre desde mi muñeca, y caminando por el alfeizar cae gota a gota. No veo el final de la calle pero si el final de la ciudad, cuelgan mis piernas y no dejo de lanzar papeles en llamas desde esta ventana.  

Miro hacia atrás, cojo impulso; esto es un ciclo antes de acabar conmigo misma. Me dejo llevar. Me dejo atraer por ti y ese humo denso que baila con nosotros, por el ruido y el color, la luz tenue y el destello.

Nadie puede más que tú, atravesar mi cuerpo con una flecha, y hacerme acariciar mi muñeca con el filo de esas tijeras negras; sonrío. No necesito caer ni desangrar mi cuerpo. No necesito drogar mi mente o intoxicar mi boca. 

Si tú poco a poco me vas matando y aunque preferiría morir en tus manos que saltar al vacío - pero no será así.

lunes, 28 de julio de 2014

Hielo rojo

Y nadie habló de mi porque a nadie le interesaba saber si estaba muerta o inconsciente, por los suelo de un lugar desconocido, despertar medio vestida y reconocer la luz del día colándose entre las ventanas, entre todos aquellos cadáveres durmientes se movía el humo de los engranajes de una felicidad tenue y tóxica que aun no había desaparecido y los vasos no llegaban a estar vacíos, imponentes los cristales esparcidos por el suelo, no sé si es cristal de espejos, de botellas, si son hielos, si son sombras... no me importa.

Yo camino inalcanzable con las botas en la mano y la chaqueta descolgándose del hombro, con los ojos irritados, con los labios descosidos y una sonrisa en el bolso, que no encuentro o no recuerdo si el que llevo es el mio. No me importa. Porque ya nada te importa, porque hago equilibrios en el borde del andén en este invierno frío y yo bailando en manga corta, entra diciembre vestido de plata blanca, de nieve, de diamantes derretidos, entra diciembre en forma de polvos y sale enero empapado con las lágrimas.

No sé a dónde me llevó el camino, porque nunca fui yo quién conducía, yo me dejé llevar por él y por otros mil igual y acabé aquí viendo como amanece, contemplando apoyada en tu hombro como cambian los dibujos y las luces, porque ni las estrellas ni la ciudad tienen siempre la misma forma, el mismo brillo intenso, ese que veo reflejado en tus gafas de espejo y me enamoro un poco más de ti, sintiendo el filo de nuevo, el borde, siendo una vez más el horizonte de quién nos mira al horizonte.

viernes, 4 de julio de 2014

Celda de algodón

Comenzó siendo un verano nublado y ella llenó un poco más el mundo de ese color gris con el humo de sus cigarros, sentada en la cornisa de la ventana, dándole la espalda a la ciudad, sonrío y río cada vez más, carcajada tras carcajada, calada tras calada, enciendes los globos terráqueos con luces de neón y la habitación reluce como el final de la sala donde bailas cada jueves al anochecer, estelas de colores y el humo, ensordecedor ambiente, con un millón de cadáveres saltando y yo bailando lento...

Las escaleras de la única salida de emergencia del mundo, luces blancas cada nueve peldaños, "no sé a dónde lleva esto", pero sabes que me encantaría averiguarlo; él me mira con miedo por si vuelvo a salir corriendo y lanza sus armas al suelo. El cuero negro de su chaqueta y mis tacones de charol cayeron sobre la misma baldosa, de aquello sólo quedan las sombras en las paredes y los reflejos en los marcos de los cuadros.

Huí una vez más en un desesperado intento de alcanzar el sol en la luna de mi coche.

Pero nunca es suficiente. La velocidad; el viento sólo mueve el cabello y acabo tumbada entre diamantes y pétalos de rosas, moradas y rojas. Papiroflexia con las sábanas.

Usando arena blanca para asfaltar mi camino; yo, descalza entre cristales, conozco el sabor de tus besos y cómo duelen tus heridas. Conozco el efecto de tener tus cuerdas en mi cuello y la diferencia entre que me veas y estar en todos tus puntos de mira.

jueves, 3 de julio de 2014

Niebla

Caminaba por la calle y vio mis pálidos antebrazos extendidos, apoyando los codos en la ventana, gotas de lluvia bailan rotas en mis dedos mientras dejo caer el aire de entre mis manos como un millón de pedazos de papel rajados y vuelan abrazados por el viento. Cierro mis ojos pintados, colores de tiza, polvo, que este vendaval se llevará consigo y sonrío una vez más.

Los veranos entre cruces de calles largas, infinitas las estelas de los coches que exhiben su velocidad ante nosotros, seres estáticos, con un par de tacones negros en la mano; veranos que revives en blanco y negro, sólo el rojo de los labios, de las uñas, de los semáforos... da color al flashback mientras las pocas pastillas que te quedan se deslizan por tu mano. Gotas de tinta azul en este vaso de agua cristalina, lágrimas de colores atraviesan tu cara mientras te ríes de nosotras y te dejas caer hacia atrás.

El amor te sienta bien; mírate, reflejada en este espejo, sonriendo con un brillo poco común en tus ojos y con ganas de arrancar las madrugadas a tus cielos sin luna blanca.

Los diamantes se convierten en nieve; caminar con pies de plomo sobre nubes; rozar los labios con los labios, con tus labios, con sus labios y mis labios acabarán desangrados, hablando a cerca de morir en las bañeras de los baños, a cerca del color de los golpes en las manos, a cerca del dolor que a veces causan esos seres extraños a los que, a veces, amamos.